sábado, 4 de febrero de 2017

Rosalía Martín del Campo Souza


Rosalía Martín del Campo Souza nació en la Ciudad de México en 1955, se tituló con Mención Honorífica en la Carrera de Periodismo y Comunicación Colectiva en la  FES Acatlán, UNAM. Ha publicado artículos, entrevista, reseña y cuento en diversas publicaciones y revistas como: Feminova, Capacitación, Cuestión de Ovaciones, Casa, La Brújula en el Bolsillo, Geo, Revista Mexicana de Cultura de El Nacional, Artes, Mira, Tiempo Libre, Pace, En Teatro, El Cuento, Paula, Escriba, La Talacha y Activa. Ha recibido los siguientes premios: Primer lugar en el Premio de Literatura Salvador Gallardo Dávalos en narrativa (INBA, 1983), Mención Honorífica en el Certamen Nacional de Cuento C R E A (1984), Mención Honorífica en el Premio Regional de Literatura Juan Rulfo (Jalisco, 1986). Incluida en las Antologías: Cuentos de la Colmena vol. 2 (INBA, UNAM e ISSSTE, 1987); Cría Cuervos (Taller de Narrativa de El Hijo del Cuevo, 1995) y en la Antología Poética Hasta Agotar la Existencia III (Editorial Resistencia, 2007). Actualmente publica minificciones poéticas en la Agenda de la Luna (Editorial Resistencia, desde hace más de diez años).  En el 2000 publicó Ángeles Estropeados, su primer libro de cuentos, con prólogo de Elena Poniatowska y en 2003 publicó Cuentos Destrampados, con prólogo de David Martín del Campo, ambos libros de Editorial Resistencia. Este segundo libro fue seleccionado para ser publicado en la colección Libros del Rincón (espejo de Urania, 2005) de la Secretaría de Educación Pública para distribuir en todas las secundarias gratuitas del país. Imparte clases de Creación Literaria y trabaja en un tercer libro de Cuentos.



Ángeles 

No todos los ángeles tienen alas pero vuelan. No todos viven en las nubes pues caminan cerca, tan cerca que parecen brotarnos desde dentro. 


Luna novia, novia Luna 

Hoy la Luna tiene un manto largo, está vestida de novia con su traje de nubes fantasmales y etéreas. Un velo también cubre su cara para guardarle el misterio de sus amoríos nocturnos y sueños niños conservados por milenios. 
La Luna es la novia errante que le da sentido a la noche misteriosa, donde los secretos mejor guardados se hacen realidad poco antes de empezar la Aurora de esa novia que jamás llegará a casarse. 


Matemática lunar 

Entre tu Luna y la mía transcurre un nocturno pasadizo de besos a oscuras, en rincones de noche en plena luz del día, arrebatados a la cotidianeidad   
Entre tu Luna y la mía hay una forma única de mirar al propio cielo, unido por la complicidad de tu Luna sumada a la mía. Creamos un nuevo Universo donde todo brilla, todo luce, todo es estrella…  
Y así sumamos y restamos mientras la Realidad no nos divida. 


Desvelo 

Estás para todos nosotros con tu brillo inquebrantable, para todos nosotros con tu redondo rayo de luz. Nos acompañas y cobijas en la oscuridad y nos invitas al Desvelo con tu reflejo plateado. Eres nuestro Faro, nuestro punto de encuentro, nuestra guía universal… 
Siempre y cuando no te fallen las baterías, mi querida linterna de 500 watts. 


Amerlinada 

Soy un barco en la tormenta. Atormentada por el frío solitario de mis guerras, me transformo en Merlín para arrancar la Magia de la vida, más allá de mis revueltas y descalabros. 
Sueño con el milagro de la Mesa Redonda, con la sabiduría nórdica y valores heroicos de los antiguos caballeros para vencer la dura batalla contra el poder por el poder y la desilusión por la ilusión. 
Busco mi varita mágica y la levanto al cielo, cargada con las energías de un viaje celta más allá de los acantilados, con ella señalo más allá del cielo, para bañarme con su inquebrantable Universo y así salvar de la oscuridad a tanto ser de sueños rotos, de rotos sueños. 
De pronto, como golpeada por un rayo inspirador, mi varita mágica se transforma por instantes en esta pluma, en este teclado, para que quede huella de este Merlinesco anhelo.   


Contacto: almasabia10@hotmail.com.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Victoria García Jolly


Victoria García Jolly es nativa de la Ciudad de México —¡como cinco generaciones de su familia!—. Entre sus muchas pasiones están el arte, la música, las libretas, las plumas fuente y su marido†. Desde muy chica se descubrió enamorada de los libros, creció entre ellos, aprendió a hacerlos y ha ganado alrededor de unos 10 premios por ello —ya no se acuerda bien—. Es una diseñadora editorial que diseña poco, dirige mucho y trabaja todavía más en Algarabía, que fundó en 2001 junto con María del Pilar Montes de Oca Sicilia. Además de fungir como directora de arte, escribe ensayo corto sobre sus pasiones, aprovechando los sesudos estudios que realizó de apreciación musical, museografía y museología e Historia del Arte Universal.
Ha publicado dos libros bobos: ¡Cuidado! Café cargado (2010) y ¡Mmm! Chocolate sin culpa (2015), y uno más, algo nada bobo: El libro de las letras. De la a a la z y no es diccionario (2011), para lo cual leyó montones de diccionarios y libros de filología. Finalmente, como no sabe estarse quieta, juntó todos sus textos serios sobre artes plásticas en Para amar al arte (2016), y lo publicó en coedición con la UAM Xochimilco.
Su dificultad para leer la superó cuando usó el primer par de anteojos y descubrió el cuento y la poesía: el humor de Jardiel Poncela, el amor a la vida de Whitman y el amor, amor en Neruda. Pronto se dedicó a la escritura de su propia ficción, pero mantuvo esta actividad guardada y sin pulir en montones de libretas dentro de un cajón dentro de un clóset. No se puede precisar qué la incitó ni cómo ni cuándo inició su «salida» y se animó a divulgar sus cuentos. Tal vez fue impulsada por sus maestros de cuento y literatura, Ricardo Chávez Castañeda y René Avilés Fabila, quien le escribió esto en un correo no hace mucho: «Ah, tu cuento es muy bueno, serás una feliz madre de un libro de minificciones. Bienvenida al mundo literario, ya triunfaste en el diseño y en el ensayo breve, ahora a lo que sigue en tu brillante carrera». Es con la Universidad Autónoma de Aguascalientes que espera publicar dicho libro.


Sobre sirenas
Las sirenas pueden ser bondadosas o perversas. No importa si tienen cuerpos de gallina o colas de pez, todas viven frustradas al no tener vagina. Viven permanentemente tristes e impenetradas a pesar de su rara belleza. Su canto es una suerte de lamento para despertar la ternura, la admiración o el deseo de los hombres. La dulzura que emana de sus voces demanda piedad y amor. Pero, tarde o temprano, todo concluye en tragedia: sea con la muerte de los marineros o con su eterna virginidad a cuestas. ¿Alguien las ha escuchado reír?

Variaciones sobre un tema trillado
Diario le digo que lo amo, y de nada sirve porque es sordo.
Diario le digo que lo amo, y él, lacónico, me da las gracias.
Diario le digo que lo amo y él, entusiasmado y agradecido, mueve la cola.
Diario le digo que lo amo, no importa que no responda. Luego salgo corriendo del cementerio para llegar temprano al trabajo.
Diario le digo que lo amo, excepto sábados y domingos. Sólo somos novios entre semana.
Diario le digo que lo amo, diario le digo que lo amo. Padezco ecolalia, padezco ecolalia.

Desde hoy creo en los fantasmas.
A partir de esta noche cambiaré mi forma de despedirme antes de ir a la cama, no más hasta mañana. Te diré solícita y seductora: ven a jalarme los pies, te estoy esperando, amor.

Muerto de calor
El calor infernal de aquel lugar provocó que el hombre, desesperado, se arrancara saco, camisa y, de inmediato, la piel.

La primera carta
—¡¿Qué haces?! ¡¿Te has vuelto loca?!
—No sé por qué te sorprende que amenace con disparar ahora y no hasta mañana, si en esta carta, que muy amablemente me dejaste en el escritorio, ya anticipabas que lo haría. Cuando la encontré tempranito hacía frío y me senté, emocionada, a leerla mientras bebía el primer café del día. Recogí mis piernas sobre el sofá y me hice borujo para no sentir el dolor que los pies helados infringían a mi cuerpo completo. Todo era silencio y penumbra, ansiedad de leer la primera carta que de tu puño me hacías llegar. Ilusionada y sonriente, leí:
«Hay buenas noticias, amor, que significan mucho trabajo, las malditas me quitan de la mente las imágenes fantasiosas de ti y de mí caminando como un par de bobos por la calle tomados de la mano, me borran la imagen erótica, aquella que se fijó en tu mente y en la mía en nuestros primeros días de relación: mis labios sobre tu vagina como si fuera otra boca, labios más carnosos, sensuales, humedecidos por el placer del amor. Besarte, joderte, lamerte, fue algo celestial. Esta escena vuelve a mí una y otra vez y me estremece, me hace pensar en tu respuesta, es la misma fotografía, pero desde otro ángulo: “Mi orgasmo en tu boca, tu cabeza entre mis piernas, tu mirada por encima de mi pubis se posa en mis ojos como preguntando si estoy complacida. No sé si ellos te lo dijeron: absolutamente. Tu media cara se veía joven y luminosa. Te adoré.”
«Me pregunto entonces, ¿cómo haremos el amor mañana? ¿Qué me pondré para gustarte? Prefiero verme seductor. ¿Cómo carajo logro eso? ¿Qué parte de tu cuerpo deseo besar primero? ¿Cuál tocarás tú? ¿Me morderás los labios? ¿Meteré mi nariz en tu pelo? ¿Qué loción mía te enciende? ¿Qué mirada es la que te derrite? Nada puedo planear, nada me puedo imaginar, me encomiendo a la espontaneidad del amor que está en suspenso, del sexo que está en latencia, de mis ganas perennes de entrar a tu boca y acariciarla, de penetrar tu piel, de arrancarte un gemido largo y otro feliz, partirte en dos la mirada mientras me hablas de amor y tus aventuras tontas.
«Tal vez deba llevar mi libro de hechizos mágicos, y tú los polvos de bruja que guardas en la despensa. Llevaré un frasco de toloache para derramar en tu vientre de donde beberé amor. En una de ésas llevo también pastelitos de miel y galletas de melaza en lugar de palabritas rosas para seducir tus oídos, para encontrar unos “te amo” novedosos como nunca los has escuchado, como nunca los he dicho. Cerraré los ojos para sentir tus respuestas y trazar en el aire las maneras en que tus manos me acariciarán, callaré para atender el sonido que produzca tu piel sobre la mía, tus pensamientos en los míos, tu amor en el mío, mi sexo en el tuyo.
«Al final abrirás los ojos lentamente para buscar los míos, tal vez en silencio te cantes, como sueles hacerlo, una hermosa y apasionada aria, esa que dice: “Io son l’amore, io son l’amore”.
«Me pregunto entonces cómo hacer para llevar a Miriam, sí, a esa amiga mía que te parece admirable por el valor que tuvo de amar a un hombre más allá de la vida y más allá de la muerte. Cómo haré para que aceptes complacida que, en lugar de tus labios, sean los suyos los que bese, para que mis manos penetren su piel y no la tuya, para que, húmeda, nos contemples y participes sin pensar que Miriam no eres tú, sin sentir el arrebato de los celos cuando mi cuerpo quede sobre el suyo y apenas mi mano sobre tu pecho. ¿Cómo hacer para despertar uno solo de tus instintos, el vital? ¿Cómo apaciguar tu furia?
«Sé que te has declarado incapaz de compartirme, que me has amenazado al igual que me has amado. ¿Aceptarás a Miriam? En el fondo lo que me pregunto es si todavía tienes cargada el arma que guardas en el buró; mi mayor preocupación no es que dispares, ciega de celos, contra el hermoso y suave cuerpo de Miriam, sino que falles y sea el mío el que quede ahí, gozoso y sin vida.
Tuyo, Raúl.»



jueves, 6 de octubre de 2016

Mario Calderón


Mario Calderón (Guanajuato, 1951), profesor-investigador del posgrado en Literatura Hispanoamericana de la BUAP. Poeta, cuentista y crítico literario. Es doctor en Literatura Hispanoamericana. Líder del Cuerpo Académico consolidado de PRODEM “Literatura y cultura mexicana: tradición y ruptura”. Es integrante de RIA (Red de Investigación en Arte) y ha pertenecido al Sistema de creadores con trayectoria por Bellas Artes, el FONCA, Guanajuato y Puebla. Ha publicado artículos de crítica literaria y sobre lenguaje, folclor, adivinanza y refrán, en Revista de Literatura mexicana contemporánea, Semiosis y Escritos, etc. Así como “La Novela costumbrista mexicana” en República de las letras de Belem Clark editado por la UNAM. Algunos de sus libros son Suma poética, Valparaíso Ediciones, España, 2014; Donde el águila paró (cuento), BUAP, 2010; El gran libro de la adivinanza, Lectorum, 2006; Historia y cultura mexicana a través del lenguaje, University of Texas at El Paso, 2010; La luz del topacio, ensayos sobre cuento mexicano, BUAP, 2010 y La estructura de la realidad derivada de la literatura, RIA, Red de Investigación en arte, 2013 y Lenguajes en la poesía mexicana (entre el canon y el folclore) UNAM, 2015.



El bufón

El bufón conversa con mi familia a pesar de mi desagrado. Yo siempre lo estoy vigilando. Él, como pidiendo aprobación, me mira a cada momento. Lo detesto porque en la calle dice de mí cosas falsas y la gente se las celebra. Siento vergüenza de que hable porque sé que está muerto. Ahora se presentó con muletas y sin dejar de hablar, sabe que sólo existe si se expresa. Se me acaba la paciencia, no puede fingir, y lo expulso de la casa con la fuerza de mi mente. Cierro la puer­ta. Comienza a llorar amargamente sobre el tejado. La familia exige que lo deje entrar y él entra acusándome de haberle cerrado la puerta. Me cuido de un muletazo.


Juntos otra vez

Te esperé en la nueva casa, hasta que la incredulidad de mi familia por mis relatos de tu antigua compañía, me hizo sentir que era un hombre morboso; pero esperé hasta que la espera me volvió miserable.
Pero anoche, por fin, después de dos meses y catorce días, te manifestaste. Fue sensacional, glorioso, fueron tres golpecitos de antología. Yo estaba en la cocina y tomaba un jugo, mientras mi hermana preparaba la cena. No te molestes por el miedo de mi hermana, ella aún no tiene madurez. Te lo aseguro, en tu toque había afecto y protección.
En las noches, de nuevo, nos comunicaremos a cada momen­to. Te buscaré por las habitaciones y en los sanitarios, donde a veces te gustaba estar. Sin que tú me lo digas te localizaré, sabré donde te encuentras sólo por el peso de tu presencia en mi sensibilidad. Te platicaré como antes, en voz alta, mis problemas, mis experiencias; tú me contestarás, como siempre, a través de mi imaginación. Y durante el día, ya sé que te disfrazarás de espíritu protector de toda la familia o que estarás metida en la jacaranda del jardín, y que ahí te perci­biré como a una cómplice.


El bicho

Una noche faltó la luz eléctrica en mi casa y mis ojos aprendieron a mirar en la oscuridad. Con malicia rogué al bicho fatuo que se manifestara, que produjera el acostumbrado barullo con el que me molesta en otras ocasiones. Él, confiado en que nunca lo puedo visualizar, salió corriendo y lanzando gritos de un extremo a otro: era un quiróptero raquítico. Di un manotazo y lo atrapé con el puño derecho. Lo estaba asfixiando por su vanidad, pero lo liberé porque me aguijoneó intenso y porque mi mujer, que es presuntuosa, me recordó que el asesinato no está permitido.


Posesión

Malaquías era un campesino alto y enjuto que en los días de invierno tomaba el sol con otros hombres sentado en una banca de la plaza del pueblo. Malhumorado y neurótico, pasaba sus mañanas criticando ácidamente a los transeúntes por cualquier motivo. Por su crueldad, algunas personas le apodaban Caín y los niños atrevidos le gritaban “malascrías”.
Su actitud era ya muy notable entre la gente, tanto, que las  lenguas comenzaron a rumorar que estaba poseído por malos espíritus porque además, su mujer, doña Secundina, contaba que Malaquías rechinaba los dientes y sacaba espuma por la boca todas las noches.
Comía demasiado y su cuerpo continuaba magro.
Ella preocupada le mezclaba agua bendita en sus alimentos, pero Malaquías cada vez se observaba con mayor intolerancia y enojo. Su semblante palideció al grado de parecer transparente.
Secundina lo acompañó entonces al centro de salud para que pidiera  vitaminas. El médico  mandó primero que le realizaran análisis de orina y excremento.
La segunda vez que acudió a cita médica, se le ordenó que tomara Flagyl, una medicina compuesta con hierbas amargas debido a que el resultado de los análisis diagnosticaba que Malaquías estaba invadido por parásitos, bichos en sus entrañas.